lunes, 4 de diciembre de 2017

Oleiros guardeses

José F. Vicente Sobrino con su hija de la mano delante de su tejera en Ourinhos (Archivo de la Familia)

En  la historia de la emigración guardesa, factible obra monumental, uno de los tomos, y no el más pequeño estaría dedicado a la emigración a Brasil y en él, el capítulo más importante a los Oleiros. Esperando que alguien la escriba, valga este artículo para mantener su recuerdo. En la villa de La Guardia, como en los demás pueblos del Bajo Miño, siempre hubo  tejeros  y  siempre hubo campesinos .Contados eran los tejeros  o alfareros profesionales que vivían sólo de su industria, ya fuera de fabricación de tejas y ladrillos o de cacharrería, ellos mismos se definían “ labradores y tejeros” de los que había varios en el pueblo durante el siglo XIX .Uno destacó, especialmente, al finalizar el siglo: José Antº  Lomba  Camiña que después de morir su padre, como hijo mayor que era, supo aglutinar a su familia y demostrando la inteligencia para los negocios que ya habíamos visto en su abuelo”. Perito agrimensor y dueño de una Tejera”, y con un par de socios capitalistas,(1) formaron la empresa “José Antº  Lomba y Cía” que arrancó con un gran impulso con el que recorrió el siglo XX , produciendo desde el tosco ladrillo a la  cerámica decorativa (Compraron los moldes de la artística pero efímera “La Santa Cruz”) desde la cacharrería al gres y desde el ladrillo refractario a la esteatita dieléctrica, siendo el sostén económico, de un importante número de familias, que por fin encontraron en ese oficio un trabajo digno.

Jarra de la cerámica “La Santa Cruz”( img. de la izquierda) y otra  de la cerámica “El Progreso” (Colección del Autor).

La  mayoría de los campesinos también tenían una peculiaridad, no eran campesinos al cien por ciento: al llegar la primavera sufrían una metamorfosis. Desde tiempos inmemoriales y hasta  los años 60 del siglo XX, la mayoría de los campesinos del Bajo Miño en condiciones físicas saludables dejaban el calor de  sus hogares a finales del mes de Abril, y como aves migratorias partían en grupos a sus lugares de veraneo. Esos grupos ya los habían formado antes los patronos reclutando los obreros y criados, que necesitaban, en la plaza del pueblo  y  desde ese momento dejaban de ser campesinos y se transformaban en tejeros.
Todos los años en una feria que se celebra en la Plaza del Calvario de esta villa-a feira dos telleireiros- el día 18 de abril, los que trabajan por cuenta propia en los tejares hacen provisión de criados (chiquillos y hombres) y de caballerías…..”(El Rosal-Francisco Carrera, médico)
Los niños, el primer año, trabajaban gratis para aprender el oficio, iban mal vestidos, mal calzados y llenos de ilusiones; los que volvían lo hacían más ligeros de todo. Formados en cuadrillas, con las caballerías que llevaban al amo y cargaban herramientas y  tocino salado  para el sustento tomaban el rumbo hacia el tejar.
Algunos no salían de Galicia pero los más  los más se iban a Castilla y a Extremadura a la par que los albañiles en la común aventura  de un díficil viaje por los caminos que atravesando bosques, subían y bajaban  nuestros terciarias montañas, teniendo que protegerse del peligro de salteadores y a veces de ellos mismos:
“…en formal cuadrilla al pasar de madrugada por Sierra Seca en el partido de Verín en el tránsito de un sendero estrecho, a la subida de una pizarra cubierta de yelo  ha resbalado y cayo de ocicos Manuel Alonso, a cuyo tiempo se le disparó la carabina que traia y iva con la competente licencia, a pesar que el gatillo venia colocado en el descanso estaba cargada de postas y no solamente el tiro varrenó y destruyó en dos partes la capa en que se había embozado para preservarse del frio sino que causo una herida de gravedad a José francisco Gómez en la canilla de la pierna izquierda..”(albañiles rosaleiros a mitad del sigloXIX)
Había hielo porque era en el mes de Noviembre cuando volvían, porque entonces duraba siete meses la campaña de los albañiles y también para  los tejeros, como se lee en el contrato de arriendo de A. Trigo, de Cividanes, que a finales del siglo XIX trabajó muchos años una tejera en la provincia de Toledo.
“   2ª Cada año habrá de pagar la suma de 480 reales, en buena moneda, que es el precio que hemos convenido, al regresar a su país, que es por el mes de Noviembre
 Ya bien entrado el siglo XX vemos que el regreso se hace aproximadamente a los cinco meses, para enlazar con la vendimia:
Salcidos: Los tejeros.-Algunos ya han retornado a ésta y la mayor parte lo harán en la próxima semana, pues se acerca San Miguel. (La Voz del tecla, 21 Septiembre de 1918)
Y así continúa ya:
Vienen de las duras faenas de la tejera de Cambre, Rafael Alonso González ………..y José Mª González Otero (Nuevo Heraldo,22 septiembre 1934)
La estadía es más pequeña pero no menos terribles las condiciones sobre todo en Castilla, sinhorario, sudando a mares, soportando luego las gélidas noches de la Meseta y mal alimentados pronto se debilitaban y caían muchos enfermos de malaria y pulmonía. Tengo el testimonio de J. Álvarez, de Cividanes, del hambre que pasaba y de cómo ,un día , un gran lagarto ibérico tuvo la mala suerte de pasar por donde pudo verlo y  no tardó en estar colocado encima de las brasas para convertirse en exquisito bocado.
No todos los patrones eran “negreros” y un ejemplo lo tenemos en Rafael Btº Alonso Santiago de Pintán, que fue  reprendido por su esposa por llegar a casa, después de cinco meses de duro trabajo sin un duro por  repartir las ganancias entre sus obreros. No debe extrañar  que sus hijos varones prefiriesen ir todos para América R.B.A.S.

Parece que ya a mitad de siglo XX las condiciones eran mucho mejores y los viajes se hacían en tren. Los destinos seguían siendo  a las mismas zonas de trabajo y como siempre pasó,muchos se asentaron en esos pueblos (En un pueblo de Cáceres se podía oir hablar en gallego hasta nuestros días); en Valladolid se casaron los albañiles y en Alonsótegui, detrás de Baracaldo, fue donde José y Oliria (de los que siempre conservaré su recuerdo con cariño) residentes en ese lugar además de presentarme a otros guardeses allí asentados, me enseñaron, a principio de los 70 del pasado siglo,el lugar y los galpones que aún se conservaban de la tejera a la que iban a ganarse el sustento hasta que cambiaron de oficio por las oportunidades que le ofrecía la industria de la ría de Bilbao.

El salto del charco.

Muchos de nuestros paisanos, bien porque aquí no había trabajo para todos, o por querer unas condiciones de vida menos penosas, preferían  la aventura americana. Veían como, después de unos años los parientes volvían  de las antiguas colonias con la bolsa llena de duros y de libras esterlinas. Si antes ya iban los guardeses a cualquier territorio de la Monarquía Española, con preferencia por Nueva España y Cuba, desde mediados del siglo XIX el rumbo que tomaban los españoles, sobre todo gallegos y andaluces era el de Brasil. Hubo varias oleadas de emigrantes, a veces propiciadas por el propio gobierno brasileño que necesitaba productores para un país tan grande y poco poblado  y otras por los conflictos como las dos grandes guerras que dejaron a los europeos hambrientos.

La mayoría no sabían leer ni escribir pero sabían trabajar la tierra y hacer tejas y no les faltaba la ilusión de iniciar un viaje en busca  de la riqueza en aquellas lejanas tierras o incluso empreder  una nueva vida  en ellas. Como además de ganas hacía falta dinero para el viaje, con lo ahorrado y ayuda de familiares y amigos muchos pudieron lograrlo, otros tuvieron que conformarse con la vida que conocían o seguir intentándolo:
“….Le pido que me devuelva la Cédula de L. González, que ayer le remití. Este es un pasajero que quería ir para Buenos Aires y fiando de su palabra le escribí a V. más ahora resulta que no tiene el dinero para el pasaje ni nadie que se lo preste…” (R. López)
  Este pasajero perseveró y dos meses después zarpó de Vigo en el vapor “Valpariso” rumbo a Buenos Aires.

Para preparar el “papeleo”, (las cédulas  había que pedirlas a Pontevedra) y comprar el pasaje, hubo en La  Guardia  agentes marítimos que trabajaban a comisión con los consignatarios de los puertos de embarque de emigrantes. Uno de ellos, D. Ramón López,  empezó con la oferta que le hizo, en 1881, la importante casa consignataria de Oporto  y Lisboa  “Vasco Ferreira Pinto Basto”,  cuando por culpa de su anterior agente en La Guardia devolvieron a 29 emigrantes, que llegaron a Lisboa para embarcar, por  llevar documentos falsos. Con ellos trabajó para la Compañía de Vapores del Pacífico pero también, una vez  introducido en el negocio, lo hizo para Manuel Bárcena, de Vigo (Compañía de Vapores del Pacífico), y Estanislao Durán,  de Vigo (la Mala Real Inglesa), etc.

Costaba por entonces, 1880, un pasaje para Santos-Sao Paulo, 800 reales para un adulto y 400 para un niño y para Buenos Aires 900 reales, que aunque no parezca una cantidad elevada, no eran precisamente plazas de lujo, se hacía inalcanzable para muchos campesinos y algunos  negociaban para conseguir el paquete completo por el mismo precio:
“   tengo dos pasajeros para Buenos Aires, más no quieren dar más de novecientos reales cada uno, a condición de pagarle el coche desde aquí “ (R. López)

Como en el caso de los tejeros  temporeros que se quedaron en España vamos a hacer también el somero repaso que permiten estas pocas páginas, de los paisanos que de simultáneamente en el tiempo emigraron a Brasil. Muchísimos lo hicieron en el último tercio del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. La mayoría tenía su destino en Santos, que hace de puerto de Sao Paulo y en Río de Janeiro desde donde se esparcieron como una mancha por todo el territorio hasta su lugar de establecimiento, tanto en el interior como en la costa. Otros pocos,   se fueron a los extremos, como Ramón Lomba que escogió el tórrido clima de Recife (Pernambuco), al Norte  y otros se fueron al  Sur, donde el clima se parecía más al nuestro, como Manuel González, del Pasaje, que se quedó en el comercio de Rio Grande (Rio Grande do Sul) pero los más fueron a donde además de disfrutar de  un clima  suave tenían más posibilades  de encontrar lo que iban buscando, algunos no fueron muy lejos y se establecieron en la costa en el negocio de la hostelería, en Río(Laureano Alonso Portela en Niteroi), y  en Santos (Aquí lo hicieron varios tomiñeses).

Archivo del autor

y otros se adentraron por  los estados de Rio de Janeiro, Sao Paulo, Minas Gerais y Espiritu Santo donde se dedicaron  a la minería, al cultivo de la tierra (facendeiros y Jornaleiros) o al oficio que tan duro les costó aprender y  que  ahora gracias a los conocimientos que de él tenían le iban a proporcionar un medio de ganarse la vida; el de tejero. Las grandes extensiones de los cafetales de Sao Paulo eran como un imán para gente con ganas de hacer negocio  en una tierra que iba a depararles un futuro tan dispar.       ´
….. Allí la vida es fácil, hay variedad  de frutos que sólo hay que recogerlos y si sueltas unas pocas gallinas y te despreocupas de ella, al poco tiempo tienes docenas correteando por el terreno. Los cerdos andan sueltos por el centro de la población, mientras que los esclavos (2)pasan en fila con los tobillos engrilletados….J.F. Puebla (Sul de Minas).
Algunos después de hacer suficiente capital, regresaron, para vivir aquí retirados o montar algún cómodo negocio, otrosno tan cómodo, como hizo  Manuel  AnTº  González Portela que tenía una hacienda en alquiler en Campo Alegre; en 1882 mandó dinero para ser sustituido en el servicio militar (4.800 reales) y no ser declarado prófugo y regresó a Galicia. No puedo saber si  en su decisión influyó la inestabilidad  del país después del golpe de Estado que instauró la república, pero seguro que ayudó la morriña de la tierra y la familia y  en 1884 ya estaba  montando una tejera en Stª  Mª de Cortiñán (La Coruña). Como dato a conocer, el pago por el arriendo del terreno era de 10 ferrados de trigo anuales, más 100 reales por cada hornada de teja, un buen  precio para el dueño si tenemos en cuenta que normalmente se hacía un mínimo de seis hornadas.

Generoso Trigo González, natural de Cividanes e hijo de Tejero. A principio del siglo XX se asentó en Alegre (Espíritu Santo) y allí se quedó con su familia.

Unos se casaron allí con nativas, criollas o mulatas: José Manuel González, hijo de Manuel González Portela (tejero) y Manuela Vicente Español, casado con una brasileña y de profesión “oleiro”, se estableció en Carangola. Otros se casaron allí con españolas: Rafael Alonso González, de Pintán con María Vicente Puebla, de la Gándara.

En el centro Rafael Alonso González y María Vicente Puebla, que salió de La Guardia en Septiembre de 1929 para casarse con él, en Brasil. Lo celebran rodeados de otros guardeses en Ypaussú (palabra que significa charca grande) cercade Ourinhos en el interior del estado de  Sao Paulo,  frontera con Paraná  Los tejeros compartían el agua del lago con los temidos mosquitos.    


Hubo matrimonios que hicieron viajes  juntos desde España y nacieron alguno de sus hijos allí, como les sucedió a  Juan F. Puebla y Mª Manuela Fariñas (Sta Rita de Sapucaí), y también José F. Vicente y Avelina Trigo  (Ourinhos), entre otros y por fin hubo los que ya casados tuvieron que viajar solos dejando a su familia en el terruño, como le sucedió a José Mª Alonso González, dePintán, hijo de labrador y tejero, que después de retornar del (Yucatán) Mexico y hacer el servicio militar en Melilla, se casó en Cividanes y al año siguiente hizo de nuevo la maleta, y partió pero esta vez con un destino distinto.   

Algunos lugares en donde se establecieron los emigrantes guardeses. (A. del autor)

Como dijimos antes, la hambruna después de la I Guerra Mundial y las facilidades del  gobierno de Brasil que  abrió las puertas a los  emigrantes con cesión de tierras gratuita, con ciertas condiciones  y también  la opción de comprarlas, con el fin de poblar y hacer productivas las enormes extensiones de tierra del Estado de Paraná, al Sur del Estado de Sao Paulo produjo una nueva oleada de cientos de miles de emigrantes, mayormente portugueses y españoles, seguidos de italianos y japoneses que desembarcaron en los puertos  de Rio y de Santos y como una marea cubrieron las ricas tierras rojas de Paraná, ideales para la plantación de café; pero también esa tierra roja  era buena para hacer los ladrillos con que construir las casas que necesitaba esa nueva población en la que no faltaron los truhanes y las bellas señoritas de” moral distraída” y que aumentaba por cientos con cada barco que llegaba, y que transformando la selva en terreno de cultivo formaba nuevos pueblos donde se asentaban (3) y nuestros paisanos sabían bien  como hacer esos ladrillos,así como las tejas con que cubrirlas.

izquierda José Mª Alonso y a la derecha Jose F. Vicente, que llegaron a Santos el día 28 de Mayo de 1920, a bordo del vapor “Desna” (en el centro) de tres hélices y 11.483 Tn. (Archivo de la familia).


Algunos de los  que ya residían en Brasil se cambiaron a un nuevo lugar de asentamiento, en esa “ tierra prometida” y hacia allí se dirigió José  F. Vicente, en 1920, acompañado por José Mª Alonso, ambos de Cividanes. José F. Vicente ya había desembarcado en Santos cinco años atrás, aún soltero, a donde había llegado en el vapor Hollandia para dirigirse a Murié, pero ahora en su mentellevaban trazado otro recorrido para levantar con Manuel Rodríguez, también de Cividanes, una tejera. Desde Santos se dirigieron a Assis, dentro también del Estado de Sao Paulo y desde allí a la frontera con el de Paraná.  No tardó José Mª en tener su negocio operativo y un terreno listo para plantar maíz. Muchos miles de tijollos (ladrillos) y telhas produjo en los siguientes diez años, en los que  trabajó duro  y durante los cuales tuvo que sortear  muchos  y variados escollos y, aunque en este pequeño  trabajo no hay espacio para anédotas, decir que tuvo que “convecer” a alguno de forma expédita ya que no había otra forma en aquella selvática región, que le pagase lo que le adeudabao los recursos (4) que tuvo que utilizar para intentar que las bandadas de monos no le saquearan sus cultivos.

Libro de contabilidad de José Mª Alonso (Archivo familia)



En su libro de contabilidad se puede ver  que en  inicio  sólo hay gastos, incluídos los personales, como los de comida, fumo (tabaco), labaxe de roupa, etc. y los necesarios para su tejar. Después ya van aumentando los ingresos hasta obtener beneficios.
Parte de esos beneficios, se convertían en libras esterlinas de oro, como era habitual hacer entre los gallegos allí emigrados, que luego ya en el pueblo, parte de ellas se convertían en pesetas para comprar nuevos campos, viñas o matos, (algunos también compraban bonos del Banco de España) y alguna quedaba de reserva en el fondo del baúl o en lo alto de una viga  del “fallado”.
Como a José Mª le decía, su esposa, que no necesitaba dinero, pues estaba acostumbrada a arreglarse trabajando sus campos y criando el ganado doméstico, dedicó una buena parte de lo que ganaba en comprar terrenos en el estado de Paraná hacia el límite del Mato Grosso, llegando a tener en propiedad 75 “alqueires”.(5)



Hizo pocos viajes al  terruño durante esos años, las fechas  las marcan el nacimiento de sus hijos. La última vez que vino no estaba bien de salud por lo que su esposa no le permitió volver, a pesar de su insistencia por la necesidad de controlar por su mano todo lo que dejaba allí. Cuando unos años después ,su hermano le avisó que fuera porque podía perderlo todo ya que el gobierno estaba expropiando terrenos para el ferrocarril al Mato Grosso (ahora Mato Grosso do Sul)tampoco le dejó marchar su esposa ,quizá porque veía  que algunos vecinos fallecieron en ese lejano país o en mitad del fatigoso viaje a través del trópico, y de nada valió que mantuviera correspondencia (dificultada por el comienzo de la guerra civil española ) con un apoderado brasileiro y enviase su escrituras y recibos de pago de contribuciones  para pleitear por lo que era suyo. Los papeles se fueron “perdiendo” por las oficinas. Con el gran incremento de la población y su constante desplazamiento, por la fundación de nuevos pueblos, nadie  conocía al Notario en donde se hicieron  años atrás y la agencia encargada de vender las tierras ya no existía.

Documento de José Mª Alonso (Archivo de la familia)


Todos los guardeses  llevaron en su corazón la morriña de su hogar, los colores de  Galicia y el olor de su tierra. Unos fallecieron sin lograr sus objetivos, otros se establecieron felizmente, perpetuando allí los genes de nuestros ancestros y los que regresaron  trajeron el recuerdo permanente de sus vivencias en ese gran país de acogida y en las retinas, la vista de la ciudad de La Habana alejándose de la popa del vapor que los traía, después de su última escala. 

1.-Uno de ellos recién llegado de Puerto Rico. 
2.-En 1888, Isabel, la hija de Pedro II, entonces regente, eliminó de un plumazo la esclavitud, lo que al año siguiente le costó el trono a su padre. Hubo revueltas, los grandes propietarios apoyaron a los republicanos y se instauró la República que llevó a cabo una represión brutal contra los monárquicos. La efectividad de esa ley aún tardó varios años en llegar a todos los rincones del país. (En Estados Unidos se hizo de la misma manera y les costó una guerra civil y la vida al presidente “por traidor”, mientras que otros países como el Imperio Británico lo hicieron sin problemas y sin perjudicar su economía, compensando a los dueños de esclavos para que no se arruinaran).             
3.-En el primer tercio del siglo XX emigraron a Brasil casi 400.000 españoles                                  
4.- Se desplazaba en caballo y llevaba siempre un gran cuchillo y un  “cachorrillo” tipo Lefaucheux.                                                                                                                                  
5.-Un alqueir eequivale a 24.200 m2

Fuentes: Archivos privados-.Arquivo Nacional do Brasil – AHPPo-Prensa local

Autor: José Magoal, publicado no libro das Festas da Guía de 2017




















lunes, 27 de noviembre de 2017

Dinámicas urbanas na fronteira do Miño: aproximación ao urbanismo da Guarda e Camiña

Dr. Suso Vila, proxecto de investigación USC: Memoria, textos e imágenes. La recuperación del patrimonio perdido para la sociedad de Galicia” (HAR2014-53893-R). Investigadores principales: Jesús Ángel Sánchez García y Alfredo Vigo Trasancos.

            A Foz do Miño forma un espazo natural extraordinario pero tamén un espazo cultural único en Europa. A Guarda-Caminha forman parte dunha fronteira histórica peculiar a nivel europeo, non só pola súa antigüidade, senón tamén polo seu patrimonio.
            Este territorio se converteu nun espazo urbano dinámico, non só adaptado ás guerras e conflictos de fronteira, tamén permeable a unhas profundas relacións económicas, sociais e culturais que foron moldeando á paisaxe que hoxe contemplamos.
Tanto A Guarda como Caminha son froito, nos seus actuais emprazamentos, dun novo urbanismo baixo medieval. A Guarda fundarase probablemente vencellada á protección e vixianza da foz do Miño (de aí o seu topónimo) desde o século XII, mentres Caminha é o resultado das políticas de urbanización da fronteira polo rei Afonso III (o modelo de bastida), con trazados regulares e artellados arredor de rúas principais como a rúa Direita.
As vilas medievais se desenvolven dentro de perímetros amurallados e con trazados urbanos regulares para Caminha (planificación e parcelario), e máis concéntrico e desordeado no caso da Guarda, caracterizada por un terreo encostado.
Un dos principais acontecementos que modificarán o urbanismo de ambas vilas será a guerra de Restauração da monarquía portuguesa (1640-1668). Ademais das destruccións que sufrirán as dúas poboacións á resposta á guerra será a construcción de sistemas abulartados que alterarán a relación urbana das vilas coa súa contorna.
O caso de Caminha é significativo, envolvida en novos recintos fortificados que apertarán sobre a vella estructura medieval e ampliando cara os barrios exteriores novos amurallamentos cara o sur da vila, protexendo así o porto e o sistema viario. Para a Guarda supuxo a construcción da fortaleza de Santa Cruz no planalto da vila, dominando a costa.
O século XIX vai mudar o urbanismo destas vilas ao abeiro dos cambios sociais que se sucederán na península ibérica.
A abolición dos antigos señoríos e promulgación das constitucións e cartas reais proporcionan un marco legal diferente que se desenvolverá cunha abondosa lexislación ao longo da centuria.
A “burguesía” accede aos concellos desde o poder económico e político de aí que o urbanismo se entenda de outro xeito, xa como unha responsabilidade pública de hixiene, ornato e progreso.
Non debemos esquecer que a nova lexislación que se promove ao longo do século que abrangue aspectos como a hixiene e salubridade (limpeza, enlousado, cemeterios), as vías de comunicación (estradas e ferrocarril), ou os mesmos espazos de lecer (xardíns, teatros, paseos).
"Plano da vila e porto da Guarda en 1779".

Deste xeito debemos comprender as accións que se emprenden desde os Concellos. Unha das primeiras víctimas serán as mesmas murallas, obsoletas, non só para a defensa, tamén para determinar a vecindade ou o control fiscal ao mercado. A imaxe das murallas era a de control sobre a poboación non como defensa da mesma, de aí que a burguesía non repare en romanticismos e abra e derrube os tramos de interese tanto para abrir comercialmente a vila como de creación de novas parcelas edificables. Se favorecía así a relación da vila coa súa contorna mellorando as comunicacións e xenerando novos espazos urbanos.
En Caminha o proceso é moi claro. O poder que acadan as novas familias permitirá esta acción de derrubo e desaparición da pegada das murallas, só conservada en poucos espazos ou ficando símbolos como a Torre do Relogio da súa muralla medieval, exemplo que tamén se manterá en A Guarda coa súa correspondente Torre do Reló, ambas testemuñas do antigo perímetro medieval, reconvertidas nunha utilidade pública diferente: a xornada laboral xa non se rixe polas campás das igrexas, agora é o poder civil quen determina as horas da vila.
Os cambios na tipoloxía residencial chegarán ao longo da centuria, sobre todo da man do crecemento económico. Por iso na segunda metade do século XIX notamos como as residencias burguesas crecen e van definindo características propias, afastándose dos vellos modelos barrocos locais aínda que nunha transformación más económica que artística. As formas do barroco estarán presente doutro xeito pero será a súa xeneralización na poboación o máis destacado cando antes era case monopolio do clero ou da fidalguía.
O academicismo introduce formas definidas polo neoclásico pero estas formas virarán con detalles propios do clasicismo francés: a influencia do Segundo Imperio e do París do barón Haussman serán fundamentais para entender as influencias que chegan aos edificios de Caminha e A Guarda.
En Caminha xurden algunhas variantes, propias do país veciño. O neogótico se extende desde mediados do século XIX como resultado da proxección do prestixio da época dos descubrimentos. O “Manuelino” se reafirma como un “estilo Nacional”, con Viana do Castelo como o gran exemplo cercano, de ahí que podamos observar en Caminha arcos apuntados e conopiais como recreación dese pasado brillante imitando así as casas mediavais e tardomedievais que a vila miñota aínda conserva na rúa Direita. Na rúa S. João veremos estos estilos reforzados coa aplicación dos azulejos nas fachadas.
Na Guarda o urbanismo se sustenta sobre un numeroso grupo de propietarios cuxas fortunas se estableceron na emigración. Deste xeito temos a peculiaridade de que a vila tivese un desenvolvemento económico limitado pero unha boa parte da súa poboación revertise estes limites coa inversión na vila dos capitais obtivos no continente americano. O lugar preferente desta emigración guardesa sería a illa de Puerto Rico nun claro exemplo das relacións familiares e o efecto chamada. A implicación desta riqueza tamén repercutía la posición social e política toda vez que os “indianos”, retornados a súa vila natal, chegarán a ocupar a alcaldía desde mediados do século XIX ata o primeiro tercio do século XX.
Antiga rúa Ordóñez, ca 1940, IEFC, ARXIU HISTÒRIC FOTOGRÀFIC, COLECCIÓN ROISIN, ACM-9-24889v.

O traballo sobre estas familias, realizado por J. M. Villa Álvarez, revela o peso que terán na A Guarda e a súa repercusión no urbanismo da vila. Juan Rodríguez Cachada será o primeiro guardés que acade o éxito social e económico en Puerto Rico, convidando a otros moitos veciños a emprender a viaxe. Os “Alonso” serán unha das familias máis influintes na Guarda durante moitas décadas: Joaquín, Antonio e Bernardo serán alcaldes unha vez retornados entre 1869 e 1882. A casa familiar será un dos epicentros da actividade política e social da Guarda.
A casa dos “Alonso”, na Praza do Reló, é imaxe do poder que procura a burguesía da época: transmitir a través da vivenda o prestixio de clase. Neste caso será importante a ubicación, xunto do edificio Consistorial e polo tanto aínda vencellado aos espazos de poder do antigo réxime (Igrexa-Concello). A Casa sería construida en 1888, segundo o proxecto presentado por Bernardo Alonso para demoler as casas precedentes [J. A. Uris Guisantes-La casa de los Alonso]. O modelo de edificio segue as pautas da arquitectura academicista da primeira metade do século, potenciando a simetría e xogando co ritmo de arcos e dinteis que proporcionan plena coherencia aos dous edificios que forman o inmoble.
A casa dos Alonso non será un referente artístico na vila toda vez que era un modelo que se abandona rapidamente a favor da tendencia ecléctica, fusionando elementos decorativos do barroco e do Segundo Imperio francés.
A casa de Bernardo Alonso Martínez na rúa Vicente Sobrino en 1893 responde a este eclecticismo arquitectónico, do mesmo xeito que outras magníficas construccións guardesas como a casa de Manuel Álvarez Vicente, ca. 1890, na rúa Puerto Rico; a de J. M. González Español na rúa Joaquín Alonso nº 3; na mesma rúa, no nº 6, a de J. Martínez Salcidos; ou a de Manuel Otero Lomba, ca. 1910, na rúa José Antonio, entre outras. Todas elas promovidas por indianos retornados que mostran vínculos estilísticos co eclecticismo vigués de Jenaro de la Fuente e Michel Pacewizc e que xa manifestamos na nosa tese nos edificios da Corredoira de Tui (Areses e Casino Vello).
As novas edificacións van procurando outros espazos urbanos, as rúas Galicia e Puerto Rico, que representan o urbanismo vencellado á modernización do sistema viario. Neste senso para A Guarda a actual estrada PO-552 representaba a mellora das comunicacións coa comarca a finais do século XIX e novos solares para expresar o prestixio das fortunas e posición social dos guardeses, de aí a construcción das grandes vivendas ligadas aos indianos.
Non só a antiga “estrada nacional” Redondela-A Guarda, representaba a modernización na arquitectura residencial, tamén se dará o caso da función educativa que tamén virá relacionada coas fortunas indianas, neste caso a de Vicenta R. Cachada e a fundación do Colexio San José en 1894. O edificio en construcción en 1897 entre as rúas Puerto Rico e República Dominicana, é unha xoia da arquitectura escolar galega adoptando na súa fachada modelos eclécticos moi orixinais que viran anticipadamente cara as bases do modernismo.
No borde da estrada, na actual rúa Galicia, aparecería a Alameda, un dos elementos do pensamento burgués do século XIX, a natureza como parte da saúde, o lecer como parte da vida cotiá na vila.
Alameda ca. 1940, IEFC, ARXIU HISTÒRIC FOTOGRÀFIC, COLECCIÓN ROISIN, ACM-9-24890v. 
A Alameda construirase en 1852 [J. Uris Guisantes - A Alameda da Guarda] sufrindo diferentes remodelacións ao longo dos anos desde a primitiva Alameda de San Pedro. O xardín e paseo representa un espazo de sociabilidade típico; o salón, a recreación na harmonía da natureza e a conversa.
A Alameda conecta co novo urbanismo que se vai desenvolvendo desde o século XIX e que resulta aínda visible nas construccións residenciais da Guarda e de Caminha, nun momento nos que os cambios sociais e culturais son profundos e van deixar a súa pegada na vila actual.


En recordo de dous guardeses: o meu avó Manuel e o meu tío Pepe

Publicado no libro das Festas do Monte de 2017


sábado, 18 de noviembre de 2017

Recuerdos de Galicia UN MONTE HISTORICO Y UN VOTO CELEBRE

A mi respetable amigo, el distinguido guardés D. Bernardo Alonso

Era aquel un hermoso día. Parecíame que me encontraba en mi amada Borinquen; parecíame que aspiraba las brisas de mi patria y que aquel sol que caldeaba mi espalda y arrancaba gruesas gotas de sudor de mi frente, era el mismo sol del terruño idolatrado, cuyas riberas tal vez no volvería a pisar. ¡cuan deslumbrante se presentaba a mis ojos la naturaleza! Aire y luz, movimiento y vida: todo lo que desea un hijo de los trópicos. Fue aquel uno de los mejores días que pasé en Galicia.
                        Desde bien temprano estábamos preparados para el viaje. ¿Qué cuantos éramos? preguntareis quizás. Pues éramos cinco buenos amigos dispuestos a pasar unas cuantas horas alegremente. ¿Qué cual era nuestro equipaje? Pues éste componíase tan solo de dos enormes cestos repletos de viandas y acompañados de sus correspondientes botas de saludable vino, de ese vino agridulce de Galicia, de ese vinillo, que se bebe sin sentir y que al bajar al estómago conforta y al subir a la cabeza, vivifica, de ese néctar de dioses, al cual quizás debe Galicia toda la robustez de su sangre. ¿Qué donde íbamos? Pues íbamos a hacer el voto…es decir, íbamos  a escalar la empinada cumbre de un monte; a visitar un santuario que allí a mil metros de altura se levanta; a saludar a la primera de las mártires cristianas; a rendir tributo de adoración a Santa Tecla.
                        El viaje era en verdad bien corto; la compañía, por demás agradable, el tiempo propicio, y con tan buenos augurios emprendimos la marcha.
                        ¡El Tecla! ¿Quién que haya visitado La Guardia no ha sentido admiración y respeto hacia ese monte cuyos pies besan las turbulentas del Atlántico y las mansas ondas del Miño? El, no es el caudaloso Himalaya ni el ponderado Mont Blanc. Es simple y sencillamente un monte como otro cualquiera; pero es un monte que significa para los guardeses algo grande, algo magnífico, algo bello, porque bello y magnífico y grande es todo lo que se enlaza con nuestro pasado, todo lo que se relaciona, más o menos íntimamente con nuestra religión.
                        Si sois creyentes, ese monte os hablará de la fé del suelo gallego; si sois escépticos quizás en su cumbre, visitándola el día en que yo lo hice, encontrarías consuelo a vuestras dudas, y si por si acaso sentís afición a la historia, sabed que el Tecla tiene también la suya. Guerreros fenicios, al mando de Asdnibal llegaron a sus lindes; hallole el indomable Viriato, el enemigo eterno de Roma; y en los huecos de sus peñascos y en su selva de pinos, sonó más de una vez el nombre de Julio César, cuando sus legiones, ávidas de gloria, le atravesaron, dejando a su paso regueros de sangre..¿Queréis un monte más histórico?
                        Allí, en Galicia, donde todo es bello; eco del pasado, donde todo es grato en el presente, allí donde en las columnas o en el vetusto campanario de un monasterio cualquiera, puede repasarse , en letras de piedra, la leyenda quizás de diez siglos; allí, donde cada trozo de granito evoca un recuerdo y cada cruz situada a la orilla de un camino, arranca una lágrima, allí…no es de extrañar que exista un monte como el de Santa Tecla que une a sus noticias históricas todas las bellezas de la tradición.
                        Por cima de su lomo verdoso caminábamos y tropezando aquí con la punta de alguna peña mal escondida en el suelo y resbalando acullá sobre el césped húmedo aún por el rocío de la noche, llegamos hasta su cumbre.¡fatigas y fatigas!...pero todo estaba compensado, al menos para mí. Cuando pude escalar al picacho que le sirve de corona, dirigí en torno la vista..¡yo miré bullir a mis pies el Atlántico, espumoso y soberbio; ese mismo Atlántico que aquellas mismas horas estaría besando las playas de mi patria; yo tendí la vista sobre su inquieta superficie, hasta sus últimos confines, y ví naves que surcaban aquel mar, y evoqué entonces el recuerdo dulce de mi tierra y de mi madre, y de la mujer querida; yo contemplé allí, bañada por las aguas del mar, la ribera portuguesa con sus campos sembrados de maíz y de viñedos y poblada de alegres caseríos; allí, casi en la desembocadura del río, se levantaba, coquetona y risueña, la lusitana Caminha; más arriba mostrábase Seixas, reflejada en el cristal de las aguas como una  de esas aldeíllas que el suizo fabrica al borde de sus lagos; y más allá chalets desparramados por donde quiera, y nuevas aldeas y campiñas; y mucho más allá, en donde el río, angostándose, simulaba leve hilo de plata, se divisaban los murallones parduscos de la que los portugueses denominan praza forte de Valença.
                        Y sin cansarme, deslumbrado ante tanta belleza, corrieron mis ojos de pronto a la ribera española, y fue el mismo panorama y la misma espléndida naturaleza lo que seguí comentando. Frente a Valença, encarcelada entre muros corroídos, yergue la vieja Tude, las macizas torres de su catedral, mole de piedra que semeja más bien fortaleza que templo, santuario de la fé, levantado en lo más alto de la ciudad, y que parece decir al viajero que por allí pasa: “Yo he resistido y puedo seguir resistiendo a la acción demoledora de los siglos; tal como yo, es la religión que represento…” Seguí mirando; acá estaban los verdes campos que rodean a Eiras y a Tabagón; más próximo, el valle feraz del Rosal, donde la primavera muestra sus galas en todo su esplendor; a un lado el Terroso, la sierra negregosa y árida en cuyas faldas solamente arraiga el pino que levanta su copa a los cielos; más acá la pequeña Salcidos, agrupación irregular de casas fabricadas al capricho, representación genuina de la aldea gallega; y abajo, a los pies mismos del Tecla…¡la villa de La Guardia!..La Guardia, contemplada a vista de pájaro, con su torre del reloj, de respetable antigüedad; con su vieja iglesia bajo cuyas baldosas duermen el sueño de la muerte varias generaciones de guardeses; con su muro ciclópeo, de corpulentos sillares; con su atalaya y su derruido castillo, recuerdos ambos de otras épocas lejanas en que era preciso contener a fuego y sangre la sed de conquista de algún guerrero o el ansia avara de algún corsario. Allí estaba La Guardia, encantadora y magnífica, sacudiendo el letargo de la pasada noche, animándose con la aurora del nuevo día; más encantadora para mí que para nadie en aquellos momentos en que la veía con los ojos del alma, surgir fantástica y bella a través de las remotas edades. 

Atalaia

Mis amigos, en tanto, permanecían impávidos. Era natural. Acostumbrados a escalar con frecuencia la cumbre del Tecla, no podía ser nuevo para ellos aquel panorama que la naturaleza ofrece desde allí. No les llamaba la atención y apenas si uno y otro se tomaban la molestia de examinarle. Pero…he dicho mal. Había uno entre ellos que no fue ajeno, en verdad, a la emoción profunda que a mí me embargaba, Manuel María Melón ¿Quién habrá en La Guardia que no le conozca? Hacíase partícipe de entusiasmo, gozaba con él, unificaba sus sentimientos con los míos, y con sonrisa bonachona, enseñando la punta de un papel impreso que asomaba en uno de los bolsillos de su gabán, decía con acento un tanto misterioso, “ahora lo leeremos”
                        Y era la décima ve que tal promesa me hacía, cuando mis otros compañeros (y ya es tiempo que les nombres) Pedro Alvarez, comerciante guardés adinerado, aunque es sabido que allí todos los son; José María Carreras, Juez Municipal, ad honorem, de la villa y Luís López, catedrático de la Normal de Santiago, me advirtieron que se hacía preciso dejar a un lado toda admiración y todo entusiasmo para ocuparse nada más que del presente. Y eran el presente cuatro deliciosas empanadas, recién salidas de las cestas, y las dos soberbias botas atiborradas de ese vinillo agri-dulce de Galicia, de ese vino delicioso que se bebe sin sentir y que al bajar al estómago conforta y al subir a la cabeza vivifica.
                        Al contemplar tan suculento buffet, borráronse de pronto de mi todas las emociones sentidas y haciendo coro a mis amigos pensé, con ellos, que era lo mejor olvidarse del pasado y ocuparnos única y exclusivamente de los acontecimientos actuales. Y diciendo y haciendo, sentámonos en derredor de la mesa, que no era otra que la fresca tierra tapizada de yerbas y cubierta por blanco mantel, dióse la orden de trinchar y ya se disponían los cuchillos a hacer presa en sus víctimas, cuando sonó en nuestros oídos la voz del amigo Manuel María, que suena con acento enérgico, nos invitaba a todos diciendo “vamos a leerlo”
                        Parecería demasiado monótono a mis lectores si fuese a copiar aquí, íntegro, todo lo que Manuel María nos leyó y que era, ni más ni menos, que la relación del voto de Santa Tecla. El picaruelo iba bien prevenido, y antes de que se nos indigestaran las consabidas empanadas quiso darnos un atracón de historia religiosa, pero de esa historia religiosa de Galicia, cuyas fuentes tienen que ir a buscarse muchas veces en los campos de la tradición, campos de verdad bien obscuros y que se prestan por lo mismo a frecuentes tropezones con la lógica, unas veces, y otras con la verdad. Pero esto debe importarme bien poco, y simple cronista, limítome a hablar d lo que veo y oigo, rehusando discutir su este cronicón apolillado miente descaradamente, o si aquel polvoriento in-folio “fala com’un libro”
                        Y dicen los viejos legajos que se conservan, o que se conservaban (pues no sabemos si habrán desaparecido) en el archivo del convento de Santa María de Oya, que ya por el siglo II de nuestra era, subían a la cumbre del Tecla, para hacer ejercicios espirituales, los ermitaños que en sus alrededores moraban. Ignoramos si pudo existir por aquella época el santuario de la Virgen, si bien algunos creen, fijándose en lo que llevamos dicho, que su fundación data de entonces. Se sabe también, y así lo consigna un ilustrado hijo de La Guardia, en un artículo que vió la  luz hace tiempo en La Habana, de ciertas predicaciones que nueve siglos después de la echa arriba marcada hacían algunos abades de aquellos contornos excitando a los fieles a ejercitarse en la penitencia, subiendo a practicarla a la cúspide del monte. Pero nada de esto constituye ciertamente la festividad religiosa que los guardeses denominan el voto, y que se ha conservado hasta nuestros días, su fecha es más reciente, dala del siglo XIII a principios de XIV
                        Y aquí, lectores míos, comienzo a titubear; porque no teniendo a la vista crónica alguna que me explique el origen de dicha festividad, tengo que apelar a la tradición. Y cuenta ésta, que allá por la fecha que dejo indicada sufrió tal sequía toda aquella comarca que se hizo materialmente imposible la vida. Siete años corrieron sin que la lluvia fecundara los campos y las cosechas que en un principio comenzaron a ser escasas, concluyeron por ser casi nulas.
                        Moría el ganado, falto de pastos en donde alimentarse, y aquellas pobres gentes vieron bien pronto unirse a los horrores del hambre que sufrían, el castigo cruel de la enfermedad que los diezmaba. ¡pavorosa calamidad comparable tan solo a aquella de Egipto de que nos hablan los sagrados textos! Pero el pueblo gallego es religioso, cree, tiene fé, y la fé que transporta las montañas y arranca de sus tumbas cadáveres putrefactos para volverlos a la vida, bien puede también devolver a su pueblo abatido el bocado de pan que el destino adverso le arrebatara.                 Henchidos de esa fé, los gallegos comarcanos, excluyendo a las mujeres (ignoramos por que motivo) acudieron a lo alto del Tecla para postrarse de hinojos a los pies de la Santa, rogándola que intercediera con Dios para que les libertase de aquel azote. Y era ya el día tercero que allí se encontraban aquellos hombres de buena voluntad, practicando austeras penitencias, cuando la lluvia, a la madre tierra negada tanto tiempo, comenzó a caer, nunca más fresca que entonces, fecundando el prado y devolviendo sus perdidos verdores a la desolada campiña. Y también entonces fue cuando aquellos pobres penitentes del Tecla, congregados en torno a la ermita de la santa, hicieron la promesa de acudir allí todos los años, en conmemoración  de tan feliz suceso. Quedó de esa manera instituido el voto, y por eso el lunes y martes de la semana de la Asunción, suben hoy todavía a la cumbre del Tecla los descendientes de aquellos buenos cristianos que supieron con el espíritu fijo en el cielo y la carne lacerada por la penitencia, aplacar la cólera de un Dios justiciero.

Castelo de Santa Cruz

Tal es la historia de ese voto singular que a través de los tiempos se ha conservado en toda su pureza. No he de extenderme acerca de las variadas ceremonias que se practican en los dos días que dura dicha festividad. Concurren a ellas las siete parroquias limítrofes que son La Guardia, en cuyo término está enclavado el monte, Salcidos, Camposancos, Rosal, Eiras, Tabagón y San Miguel. Celébrase en ambos días misas y procesiones, destinándose además el segundo a la elección de prior, mayordomo, depositario, etc., etc., No es el voto de Santa Tecla una de esas romerías de que tan pródiga se muestra Galicia; se encierra en él, por el contrario, toda la seriedad con  que los primeros cristianos llevaban a efecto sus ceremonias religiosas, vive en él todo el misticismo de los primeros tiempos de la Iglesia, y por eso allí ni se canta ni se baila y solo se sube a los cielos el rumor de las oraciones.
                        Cumplido el voto, satisfecha la deuda, tornan todos a sus hogares y vuelve a reinar en la cumbre del Tecla la soledad y el silencio, solo interrumpidos por el silbar del Noroeste que carcome los muros de la vieja capilla, o por la canción que parece más bien un gemido, de alguna campesina que llega hasta allí apacentando a su escuálido ganado.
                        Lector, si quieres conocer más detalles de la festividad que aquellos gallegos llaman el voto a Santa Tecla, visita su monte el día en que se celebra aquel. Te convencerás, entonces, al admirar la fe sencilla en que se inspira tal ceremonia, que no es en verdad muy imposible de arrancar, con auxilio de esa fé, el agua de las nubes para fertilizar el campo desolado por la sequía. Y si acaso eres uno de esos espíritus fuertes que en cuestión de milagros solo cree en los milagros de la ciencia, ten en cuenta que en el cerebro de un sabio puede muy bien germinar la más grande de las creadoras ideas al calor de una plegaria o el benéfico influjo de una lágrima.

Arturo Cadilla
El Eco de Galicia (Buenos Aires) 20.11.1901



Recopilación: Celso R. Fariñas
Arquivo: InfoMAXE

Publicado no libro das Festas do Guía en 2017